martes, 1 de febrero de 2011

Un Viejo Debate: La República

   



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         Comentario en Onda Cero Montilla 27 de enero 2011. Espacio de opinión
         Desde hace unos años ha ido resurgiendo poco a poco en nuestra sociedad un viejo debate que había quedado aparcado en los años de la transición democrática y que en la actualidad vuelve a despertar pasiones: La República.  La presencia de la bandera tricolor, charlas políticas, exposiciones, series y debates televisivos dan fe de ello. La república es una palabra mágica para un sector de españoles quienes la identifican con la auténtica democracia.

Como es bien sabido, en España se han vivido a lo largo de su historia tres intentos democratizadores. El primero, La Republica de 1873 duró un año y tuvo cuatro presidentes de gobierno. La 2º República fue el segundo, duró desde 1931 a 1939 y, para desesperación de los grandes intelectuales que lucharon por ella como Unamuno, Azaña, Marañón, Ortega y Gasset, Clara Campoamor fue un fracaso. En mi opinión aquella democracia no fue posible por el egoísmo y la ceguera de la derecha pero también por la ignorancia y el ciego fanatismo revolucionario de la izquierda.
El tercer intento democrático comenzó en 1975 con la desaparición de la Dictadura de Franco. Llevamos pues 35 años de democracia, un logro que hemos conseguido todos los que hemos participado en ella y que jamás habían logrado nuestros antepasados. En estos años, por fin, dejamos atrás el fantasma de la guerra civil que nos perseguía desde la primera mitad del siglo XIX y nos integramos en la Europa democrática.
Los defectos de nuestra democracia son muchos y los problemas en los que nos vemos inmersos en la actualidad enormes. Fundamental para todos nosotros es salir de la brutal crisis económica que padecemos. Y en la búsqueda de una solución, que en mi opinión pasaría por un pacto entre los dos grandes partidos, ya nos volvemos a topar con un viejo problema: la ceguera de la izquierda y de la derecha. El Presidente del Gobierno, lejos de estar a la altura de las circunstancias en estos años que llevamos de crisis, en ningún momento ha convocado al líder de la oposición, lo que hubiera sido una señal inequívoca de que deseaba realmente el apoyo de la derecha. Por su parte el líder de la oposición se ha puesto a la misma altura que su contrincante político, y, en lugar de mostrar una actitud positiva y generosa como requiere el momento que vive España, se dedica a mantener un pulso electoral permanente.
Mientras tanto los españolitos de a pie seguimos ciegamente a nuestros líderes y nos damos unos a otros cabezazos con los ojos cerrados. Mientras que el número de parados crece a un ritmo vertiginoso, al compás del cierre de empresas, los españoles vivimos con nostalgia y el apasionamiento que nos caracteriza los viejos debates: monarquía o república, anticlericalismo católico o defensa a ultranza de la Iglesia de Roma.

En lo que se refiere a la primera cuestión-Monarquía o República, República o Monarquía- en mi opinión es un velo que no deja ver el verdadero problema, que no es otro que la necesidad que tiene nuestro país de profundizar en la democracia. Yo no soy monárquica, lo que defiendo con pasión es la democracia. Y mi modelo a seguir en este sentido reconozco que va más en la línea de países monárquicos  como Holanda, Reino Unido, Dinamarca, Noruega o Suecia que Repúblicas como EEUU, Italia, Cuba o Corea del Norte. Yo pienso que para conseguir, de una vez por todas, la verdadera democracia es imprescindible que no olvidemos nuestro pasado y que aseguremos la estabilidad del Sistema Democrático.

En mi opinión asegurar el sistema democrático significa entre otras muchas cosas lo siguiente:

a)                       En primer lugar, y antes que abrir cualquier otro debate, hay que definir entre todos la identidad nacional. Yo tengo claro que la monarquía es la España de las autonomías que se puede revisar modificando lo que haya que modificar. Pero no tengo ni idea de lo que supondría para España la República. Los que hablan de República esto no me lo dejan claro. Unos hablan de federalismo, otros que primero es la República y luego ya se verá. Pero no coincido con ellos. En mi opinión, y teniendo en cuenta una cuestión tan delicada en España como los nacionalismos, este asunto es de vital importancia para la estabilidad política y, antes que plantear un cambio de régimen de la monarquía a la república, habría que dejar zanjada esta cuestión. En caso contrario creo que sería excesivamente arriesgado.

b)                       En segundo lugar, habría que desechar de una vez por todas las actitudes negativas heredadas de nuestro pasado, más o menos reciente, (incluido el franquismo) como son la intransigencia, la corrupción, el caciquismo y la manipulación.


c)                         En tercer lugar habría que transformar la ley electoral a fin de lograr un modelo representativo, lejos de las listas cerradas, a fin de conseguir una clase política que tenga la formación suficiente y se ponga al servicio de la política, no que viva de ella.

d)                       Finalmente es prioritario que el pueblo español seamos un pueblo culto y preparado, capaz de mantener la democracia y de lograr el definitivo desarrollo económico que necesita España. Para conseguir este objetivo es imprescindible mejorar el caótico sistema educativo actual y acabar con la manipulación de los medios de comunicación públicos.


         Los que se sienten republicanos dicen que los reyes son para los cuentos. Yo tengo que reconocer que a mí siempre me han gustado más los cuentos que las pesadillas.



                                              

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