sábado, 25 de diciembre de 2010


DON DIEGO DE ALVEAR Y PONCE DE LEÓN


Don Diego de Alvear y Ponce de León
 

Hace dos años, aproximadamente, la empresa de cazatesoros estadounidense Odyssey Explorer se hizo con un cargamento de 500.000 monedas de oro y plata valorado en 373 millones de euros procedente de la fragata 'Nuestra Señora de las Mercedes', hundida el 5 de octubre de 1804 frente al cabo Santa María, en las costas portuguesas de Faro. España e Inglaterra no estaban entonces en guerra, pero los navíos ingleses atacaron el buque cargado de oro que llegaba de América.
            Conocida la noticia del hallazgo, el gobierno español puso una demanda a la empresa americana y los tribunales han dictaminado hace pocos días que Odyssey tiene que entregar a España su hallazgo. Un recurso interpuesto por la empresa norteamericana ha puesto punto y seguido a la historia de la fragata Mercedes. ¿Quiénes terminaran siendo los dueños de tan fabuloso tesoro? ¿Odyssey, el Estado español o los herederos de los dueños de aquellas ricas mercancías?
            Este hallazgo ha traído a la actualidad una de las personalidades olvidadas que tenemos en Montilla: Don Diego de Alvear y Ponce de León, un montillano que, junto con su numerosa familia, regresaba a su tierra natal en la expedición de la que formaba parte la fragata Mercedes. Son muy pocos los montillanos que han oído hablar de este personaje, ni siquiera los que han estudiado en su casa solariega: el Colegio de la Asunción. A mí me enamoró desde el primer momento que leí su biografía que no fue precisamente cuando cursaba mis estudios en el citado colegio, sino mucho más tarde. Pero ¿Quién es ese Don Diego de Alvear?.

Don Diego de Alvear y Ponce de León nació en Montilla el 13 de noviembre de 1749. Cursó sus estudios en el colegio de los jesuitas de la ciudad y en el de San Bartolomé y Santiago de Granada, dedicándose poco después a la carrera militar, en concreto a la Marina. Con 22 años de edad formó parte de una expedición a las islas Filipinas, bajo el mando de los renombrados marinos Juan de Langara, Juan Ruiz de Apodaca y José de Mazarredo. Poco años después, fue a Sudamérica como miembro de la comisión encargada de establecer la línea divisoria entre las posesiones españolas y portuguesas en América del Sur, cuyo objetivo fue acabar, definitivamente, con las desavenencias que habían afectado a ambos países desde el siglo XVI, época en la que se había firmado el Tratado de Tordesillas.

A los 33 años don Diego contrajo matrimonio en Buenos Aires con Mª Josefa Balbastro y Dávila, miembro de la alta sociedad criolla, con la que  tuvo 10 hijos. Durante los 24 años que Alvear permaneció en América exploró los ríos Paraná y Uruguay y la zona donde establecieron sus misiones la orden de los jesuitas. Para informar de todos los detalles de su misión, como se le había encomendado, escribió una documentada obra en cinco tomos titulada Diario de la segunda partida de demarcación de límites entre los dominios de España y Portugal en la América. Además de su diario, Alvear escribió una descripción del Virreinato de Buenos Aires detallando la importancia de sus pueblos, su industria, comercio y agricultura, su población, su organización militar, civil y eclesiástica, la naturaleza y situación geográfica de todos sus territorios y varios informes a petición de los Virreyes quienes, al parecer, acudían a menudo en consulta a su reconocida competencia en todos estos asuntos de América. De todos estos informes, que versaban sobre los más variados temas, destacamos los que describían la forma de vida de la población del Chacó, de los indios tupis y de los guaranís. Su hija Sabina refiriéndose a este último dice lo siguiente:

“ (...)tuvo el honroso resultado de lograr del gobierno español el Real Decreto de 19 de mayo de 1803 por el que se declaraba la libertad de aquellos indígenas, concediéndoles un reparto de tierras por familia con los utensilios e instrumentos de labor consiguientes, con libertad de comercio y gobierno independiente de las treinta poblaciones que habitaban a orillas de los ríos Paraguay y Paraná” [1].

Tras permanecer veinticuatro años en el continente americano, el 4 de agosto de 1804 regresó Alvear a la Península. El 5 de octubre, cuando, después de varios meses de viaje, ya se acercaban a las costas españolas, fueron detenidos por fragatas inglesas que les impidieron atracar en Cádiz e intentaron arrastrar a las embarcaciones españolas hacia Inglaterra, pretendidamente por orden del gobierno. Los marinos españoles, sintiéndose humillados, rechazaron las intenciones de los británicos resistiéndose. Los ingleses, entonces en guerra con Francia aliada de España, tenían bloqueado el puerto de Cádiz donde había una escuadra francesa, no esperaron a razones y atacaron con sus cañones, dando origen a un duro enfrentamiento entre las fragatas inglesas y españolas. Una de las fragatas españolas la Mercedes[2], bombardeada por los cañones ingleses, saltó por los aires. Tras varias horas de combate el resto de las fragatas se rindieron[3].

En aquel incidente, aunque se salvaron algunos de los pasajeros, murieron todos los miembros de la familia de Alvear (su esposa, sus cuatro hijas y tres hijos ninguno de los cuales sobrepasaba los 19 años de edad). A esta desgracia sólo sobrevivió su hijo Carlos Antonio[4] que le acompañaba en fragata La Medea que accidentalmente había quedado a su cargo. En total perecieron además de la familia Alvear 249 personas.

Este ataque fue interpretado como una ruptura de hostilidades por el gobierno español quien declaró la guerra a Inglaterra en diciembre de 1804, aliándose con Francia.

Dado que la agresión a las embarcaciones españolas fue considerado como un acto fuera de toda legalidad, se establecieron una serie de reclamaciones al gobierno inglés que fueron encomendadas a Alvear, quien, por este motivo, permaneció varios años en Inglaterra. Tras el éxito de sus gestiones, Alvear recibió, a titulo personal en pago a las pérdidas sufridas, una auténtica fortuna: 21.647 libras esterlinas. Además, durante su estancia, primero en Plymouth y después en Londres, el marino español contó en todo momento con el apoyo de la opinión pública inglesa siendo muy bien atendido por la alta sociedad londinense, sobre todo por los ministros Caning y Pitt y por el propio Rey Jorge III. Fruto de aquellas privilegiadas relaciones sociales fue su noviazgo con una joven, treinta y seis años más joven que él, Luisa Ward, con la que contrajo matrimonio en Montilla en 1807.
Tras 32 años de ausentarse de su ciudad natal, D. Diego regresó a Montilla donde se encontró con sus hermanos que en total eran 7: José, Abad mitrado de los monasterios de su orden de Córdoba y Granada; Manuel, eclesiástico; Rafael y Miguel militares[5]; María Manuela y Salvadora, que entraron a la edad de 9 y 10 años en el convento de Santa Clara, y Mariana que entró joven en el de Santa Ana cuya regla menos austera le permitía el uso de habitación o celda, alimentación independientes y criada a su particular servicio[6].

En plena Guerra de la Independencia contra la invasión de Napoleón, Diego Alvear y Ponce de León fue nombrado Comandante General y luego Corregidor y Gobernador militar y político de la isla de León (actual San Fernando) capital de la zona no ocupada. Allí dirigió una impenetrable defensa contra los franceses y tuvo la responsabilidad de atender al gobierno de la Regencia y a los diputados de las Cortes Generales. Debido a la importancia de estos cargos, el matrimonio Alvear se relacionó con altas personalidades de la política y del estamento militar, tanto españolas como inglesas, y, sobre todo, con la alta nobleza española que, debido a las circunstancias por las que atravesaba el país, estaba concentrada en la capital gaditana. Allí conocerían entre otros a los condes de Montijo con los que más adelante se emparentaría por casamiento su hija Catalina lo que llevaría a la familia Alvear a disfrutar de la amistad de la propia Emperatriz de los franceses: Eugenia de Montijo.  

Concluida la guerra, con motivo del fallecimiento de la madre de Luisa Ward, el matrimonio Alvear viajó a Inglaterra donde adquirieron caballos de las mejores razas inglesas y modernas máquinas agrícolas (trilladoras y aventadoras) para sus propiedades de Montilla, siendo el primer propietario agrícola que introdujo este tipo de maquinaria en España. Tras una larga estancia en Londres, regresaron a la Península pasando por varias ciudades francesas y permaneciendo varios meses en la capital gala donde se relacionaron con la alta sociedad parisina. Tras recorrer varias ciudades españolas llegaron finalmente a Montilla en la primavera de 1817.

A su regreso, Alvear se incorporó a su puesto en Cádiz, residiendo la familia entre esta ciudad y Montilla hasta que en 1825 pasó al servicio pasivo de la Armada, trasladándose definitivamente a su ciudad natal donde, en defensa de sus ideales liberales, participó en la lucha contra los denominados absolutistas, que en aquellos años dominaban el país y el ayuntamiento de la ciudad, cometiendo toda clase de atropellos. Esta postura le ocasionó la declaración de impurificado siendo destituido de todos sus cargos y honores. No obstante, cuando cambiaron los aires políticos, por una Real Orden fechada el 16 de junio de 1829, fue repuesto en su empleo, honores y distinciones.

Sabina Alvear y Ward resume las cualidades de su padre como hombre de una gran fortaleza física, de amplios conocimientos en Historia, ciencias matemáticas y físicas, marineras y militares, que disfrutaba con las cuestiones filosóficas y alcanzaba saborear los más sublimes conceptos de la Teología que había estudiado cuando joven (sosteniendo a veces controversias y conferencias con eclesiásticos ilustres).

 En definitiva Diego de Alvear y Ponce de León fue un hombre de extensa cultura, con clara base ilustrada, que unió a los conocimientos de los clásicos una amplia formación científica, militar y marinera. El dominio de diferentes idiomas – conocía a la perfección el inglés, el francés, el latín, el italiano, el portugués además de los dos dialectos indios guaraní y tupí- le permitió el conocimiento de diferentes culturas, lo que desarrolló a su vez en él una mentalidad abierta e innovadora. Falleció a los ochenta años de edad, victima de una pulmonía fulminante, el 15 de enero de 1830 en Madrid, ciudad a la que se había desplazado por unos días para reclamar en la Corte todos sus derechos. A su muerte dejaba 7 hijos menores de edad: Diego, Catalina, Tomás, Enrique. Sabina, Francisco y Candelaria.

En mi opinión, para los montillanos la figura de Don Diego de Alvear tiene un importante valor histórico que reside, fundamentalmente, en representar, junto con el Inca Garcilaso de la Vega y San Francisco Solano, un importante lazo cultural con Hispanoamérica, aspecto de Don Diego que se ha marginado y que yo humildemente reivindico. Como profesora de Historia creo que figuras como la de Don Diego de Alvear acercan al alumnado montillano a los acontecimientos históricos y, aunque no soy partidaria de la idealización de los personajes, sí creo que Don Diego de Alvear representa unos valores muy positivos entre los que podemos destacar: la defensa de las ideas de libertad frente a la tiranía de unos pocos, la constancia en sus reivindicaciones, el afán por el conocimiento en el sentido más amplio, el respeto a las personas consideradas inferiores como eran los indios en aquella época y el deseo de innovación y modernización que le llevó a introducir en nuestra ciudad nuevas razas de caballos y maquinaria agrícola totalmente innovadora en la época, hecho que convirtió a Montilla en una ciudad pionera.   


                                               Mª Dolores Ramírez Ponferrada

La fragata Mercedes

Hundimiento de la Mercedes

Restos de la fragata Mercedes
           
           

                                       


[1]ALVEAR Y WORD, S.: Historia de D. Diego de Alvear y Ponce de León Brigadier de la Armada, Madrid, 1891, p. 82
[2] Como hemos mencionado anteriormente, los restos de esta fragata han sido encontrados y expoliados recientemente por la empresa británica cazatesoros Odyssey Marine Exploration entre marzo y mayo de 2007. Esta empresa, que ha usado Gibraltar como base, ha extraído enormes cantidades de monedas de plata y oro (594.000), así como cañones, lingotes de cobre, etc. La mayor parte de estas riquezas fueron fletadas en avión con destino a EEUU desde el aeropuerto gibraltareño. El gobierno español ha llevado a la empresa ante los tribunales por este asunto que han resuelto su devolución al Estado Español. El pleito continúa. Los interesados pueden encontrar las últimas informaciones sobre el tema en Internet.
[3] Ibid., pp. 105-110
[4] Carlos Antonio Alvear y Balbastro  nació en Misiones en 1789 y murió en Estados Unidos en el año 1852. Gran amigo de Simón Bolivar, Sucre y San Martín, fue un destacado militar independentista en la Emancipación Americana. A los 24 años fue elegido presidente de las primeras cortes de Argentina y posteriormente Director Supremo o jefe del Gobierno. Después de una larga carrera militar y tras enfrentarse con algunos de los más destacados líderes de su país natal, fue nombrado ministro plenipotenciario en los EEUU, donde entabló amistad con Lafayette. Además su nieto Marcelo Torcuato llegó a ser presidente del gobierno del mencionado país americano. 

[5] Estos dos , junto con don Diego, fueron los progenitores de las tres casas del nombre de Alvear que durante gran parte del siglo XX permanecieron estables en Montilla
[6] ALVEAR Y WORD, S.: Historia de D. Diego de Alvear y Ponce de León Brigadier de la Armada, Madrid, 1891, p 145

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