sábado, 5 de marzo de 2011

Clericales y anticlericales. Un viejo debate.

Culto al Líder en Corea del Norte




Colaboración en programa de opinión. Onda Cero. 3 de marzo 2011

Desde hace un mes estamos presenciando en directo, a través da las cámaras de TV, una gran revolución que se ha extendido ya por varios países del norte de África. Revolución cuyos protagonistas se enfrentan a un enorme reto: conseguir implantar un nuevo tipo de democracia que algunos han comenzado a denominar democracia islámica. El papel de la religión en estos países se pone de manifiesto en los rezos emocionados de los revolucionarios y en la influencia de los líderes religiosos.

            En algunos países europeos, como Francia, la democracia desde sus inicios ha estado unida a un estado laico y desligada del sentimiento religioso. No ha ocurrido así en España donde la religión sigue estando muy presente tanto en el ámbito social como político y provoca a diario la enemistad entre clericales y anticlericales.

En mi opinión este enfrentamiento lejos de ser una confrontación de ideas es una lucha entre diferentes ideologías políticas y tiene sus trágicos antecedentes en el siglo XIX y sobre todo en el XX. Es un encontronazo más de intereses y objetivos. Estos movimientos, clericalismo y anticlericalismo, hoy como ayer, tienen sus medios de comunicación para “encender” los ánimos y “movilizar” a sus integrantes y captar nuevos seguidores[1].

En este debate, como en el debate político izquierdas-derechas, la manipulación es tremenda y el enfrentamiento ciego y brutal. Para apreciar esta lucha nos sirven de ejemplo dos cadenas de TV Inter-economía y la sexta. Pero también numerosas películas sobre la guerra civil y la posguerra, y muchos actos y publicaciones de la denominada Memoria histórica, donde los buenos siempre pertenecen al mismo bando y nunca falta un cura malísimo, como en las producciones franquistas nunca faltaba el izquierdista asesino que mataba a curas que siempre eran santos. Los que esto hacen utilizan la historia para manipular, no para dar a conocer lo que realmente ocurrió, y cuando atacan a la iglesia católica de forma indiscriminada y ridiculizan sus símbolos, atacan a muchísimas personas que, guiada por sus valores, desempeñan un papel solidario muy importante.

Si el anticlericalismo en el pasado se extendió como la pólvora en nuestro país y tuvo consecuencias dramáticas fue por culpa de unos y otros, de los clericales y de los anticlericales.

En mi opinión, para seguir profundizando en la democracia, es imprescindible un Estado laico. Yo entiendo por estado laico aquel que se apoya en una base común al margen de las ideas y de los poderes religiosos. Pero esto no supone, como muchos creen, que ese estado sea anticlerical, todo lo contrario, ese estado debe velar por la libertad ideológica de todos nosotros creando los resortes necesarios para fomentar una verdadera tolerancia, un verdadero respeto (no sólo de boquilla) a las prácticas religiosas, incluida por supuesto la católica que es la de un gran número de españoles muchos de los cuales hacen una labor social importantísima sobre todo en épocas de crisis como la que atravesamos.

Desde algunos sectores clericales se presupone que el laicismo carece de reglas morales que hacen que aumenten la corrupción y la delincuencia. En mi opinión los que hablan de esta manera se olvidan de épocas lejanas de procesos inquisitoriales que nada tenían que ver con la moral y de épocas muy recientes (el denominado nacional catolicismo franquista, o las repúblicas fundamentalistas islámicas) donde los estados dirigidos por determinadas ideas religiosas carecían o carecen de valores morales.

Pero no podemos obviar tampoco que el anticlericalismo ha sustituido en numerosas ocasiones (la antigua URSS, y las actuales Cuba y Corea del Norte) los valores religiosos por valores políticos que sustituyeron o sustituyen el culto a Dios y a los santos por el culto al líder o a determinados revolucionarios. Como el clericalismo intransigente, el anticlericalismo es intolerante, agresivo y falto de valores morales.

En medio de estos dos bandos existen otros grupos integrados por todos los que nos mantenemos al margen de esta lucha. Estos grupos son: los creyentes con intachables valores morales, los ateos convencidos de la no existencia de Dios (sin ninguna otra idea que los contamine) y los agnósticos. Estos últimos, lejos de lo que opinan muchos, fundamenta sus ideas en un escepticismo filosófico no en un temperamento dubitativo o inseguro. El agnosticismo es la posición de los que, después de examinar los argumentos en pro y en contra en torno a una cuestión disputada creen que no es posible decidirse por ninguna de las disyuntivas. El escéptico no afirma ni niega, simplemente se abstiene del juicio, manteniendo el interés por el conocimiento, su deseo de resolver su indecisión, buscando la verdad.


  Imagen anticlerical. En mi opinión cualquier idea-incluidos el marxismo y el cambio climático por ejemplo- pueden ser utilizadas para manipular. No sólo las religiones pueden ser utilizadas como el opio del pueblo. Cualquier idea puede el poder convertirla en “droga”.


 Corea del Norte. Culto al líder.
Esta imagen demuestra que las ideologías políticas pueden ser también drogas para el pueblo. El problema no está en las ideas religiosas (el cristianismo por ejemplo) ni en las ideas políticas (por ejempl o el marxismo), está en el uso que el ser humano hace de ellas.

Cuando se ataca a la iglesia católica de forma indiscriminada, y se ridiculizan sus símbolos, se ataca a muchísima gente que, guiada por sus valores, realizan un enorme y valiosísimo papel solidario y siempre sin cobrar absolutamente nada a diferencias de otras ONGS e instituciones solidarias.







[1] Sobre este tema vid. Rafael Cruz (ed.) El anticlericalismo Ayer , Madrid , 1997.

martes, 1 de febrero de 2011

Un Viejo Debate: La República

   



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         Comentario en Onda Cero Montilla 27 de enero 2011. Espacio de opinión
         Desde hace unos años ha ido resurgiendo poco a poco en nuestra sociedad un viejo debate que había quedado aparcado en los años de la transición democrática y que en la actualidad vuelve a despertar pasiones: La República.  La presencia de la bandera tricolor, charlas políticas, exposiciones, series y debates televisivos dan fe de ello. La república es una palabra mágica para un sector de españoles quienes la identifican con la auténtica democracia.

Como es bien sabido, en España se han vivido a lo largo de su historia tres intentos democratizadores. El primero, La Republica de 1873 duró un año y tuvo cuatro presidentes de gobierno. La 2º República fue el segundo, duró desde 1931 a 1939 y, para desesperación de los grandes intelectuales que lucharon por ella como Unamuno, Azaña, Marañón, Ortega y Gasset, Clara Campoamor fue un fracaso. En mi opinión aquella democracia no fue posible por el egoísmo y la ceguera de la derecha pero también por la ignorancia y el ciego fanatismo revolucionario de la izquierda.
El tercer intento democrático comenzó en 1975 con la desaparición de la Dictadura de Franco. Llevamos pues 35 años de democracia, un logro que hemos conseguido todos los que hemos participado en ella y que jamás habían logrado nuestros antepasados. En estos años, por fin, dejamos atrás el fantasma de la guerra civil que nos perseguía desde la primera mitad del siglo XIX y nos integramos en la Europa democrática.
Los defectos de nuestra democracia son muchos y los problemas en los que nos vemos inmersos en la actualidad enormes. Fundamental para todos nosotros es salir de la brutal crisis económica que padecemos. Y en la búsqueda de una solución, que en mi opinión pasaría por un pacto entre los dos grandes partidos, ya nos volvemos a topar con un viejo problema: la ceguera de la izquierda y de la derecha. El Presidente del Gobierno, lejos de estar a la altura de las circunstancias en estos años que llevamos de crisis, en ningún momento ha convocado al líder de la oposición, lo que hubiera sido una señal inequívoca de que deseaba realmente el apoyo de la derecha. Por su parte el líder de la oposición se ha puesto a la misma altura que su contrincante político, y, en lugar de mostrar una actitud positiva y generosa como requiere el momento que vive España, se dedica a mantener un pulso electoral permanente.
Mientras tanto los españolitos de a pie seguimos ciegamente a nuestros líderes y nos damos unos a otros cabezazos con los ojos cerrados. Mientras que el número de parados crece a un ritmo vertiginoso, al compás del cierre de empresas, los españoles vivimos con nostalgia y el apasionamiento que nos caracteriza los viejos debates: monarquía o república, anticlericalismo católico o defensa a ultranza de la Iglesia de Roma.

En lo que se refiere a la primera cuestión-Monarquía o República, República o Monarquía- en mi opinión es un velo que no deja ver el verdadero problema, que no es otro que la necesidad que tiene nuestro país de profundizar en la democracia. Yo no soy monárquica, lo que defiendo con pasión es la democracia. Y mi modelo a seguir en este sentido reconozco que va más en la línea de países monárquicos  como Holanda, Reino Unido, Dinamarca, Noruega o Suecia que Repúblicas como EEUU, Italia, Cuba o Corea del Norte. Yo pienso que para conseguir, de una vez por todas, la verdadera democracia es imprescindible que no olvidemos nuestro pasado y que aseguremos la estabilidad del Sistema Democrático.

En mi opinión asegurar el sistema democrático significa entre otras muchas cosas lo siguiente:

a)                       En primer lugar, y antes que abrir cualquier otro debate, hay que definir entre todos la identidad nacional. Yo tengo claro que la monarquía es la España de las autonomías que se puede revisar modificando lo que haya que modificar. Pero no tengo ni idea de lo que supondría para España la República. Los que hablan de República esto no me lo dejan claro. Unos hablan de federalismo, otros que primero es la República y luego ya se verá. Pero no coincido con ellos. En mi opinión, y teniendo en cuenta una cuestión tan delicada en España como los nacionalismos, este asunto es de vital importancia para la estabilidad política y, antes que plantear un cambio de régimen de la monarquía a la república, habría que dejar zanjada esta cuestión. En caso contrario creo que sería excesivamente arriesgado.

b)                       En segundo lugar, habría que desechar de una vez por todas las actitudes negativas heredadas de nuestro pasado, más o menos reciente, (incluido el franquismo) como son la intransigencia, la corrupción, el caciquismo y la manipulación.


c)                         En tercer lugar habría que transformar la ley electoral a fin de lograr un modelo representativo, lejos de las listas cerradas, a fin de conseguir una clase política que tenga la formación suficiente y se ponga al servicio de la política, no que viva de ella.

d)                       Finalmente es prioritario que el pueblo español seamos un pueblo culto y preparado, capaz de mantener la democracia y de lograr el definitivo desarrollo económico que necesita España. Para conseguir este objetivo es imprescindible mejorar el caótico sistema educativo actual y acabar con la manipulación de los medios de comunicación públicos.


         Los que se sienten republicanos dicen que los reyes son para los cuentos. Yo tengo que reconocer que a mí siempre me han gustado más los cuentos que las pesadillas.



                                              

sábado, 25 de diciembre de 2010


DON DIEGO DE ALVEAR Y PONCE DE LEÓN


Don Diego de Alvear y Ponce de León
 

Hace dos años, aproximadamente, la empresa de cazatesoros estadounidense Odyssey Explorer se hizo con un cargamento de 500.000 monedas de oro y plata valorado en 373 millones de euros procedente de la fragata 'Nuestra Señora de las Mercedes', hundida el 5 de octubre de 1804 frente al cabo Santa María, en las costas portuguesas de Faro. España e Inglaterra no estaban entonces en guerra, pero los navíos ingleses atacaron el buque cargado de oro que llegaba de América.
            Conocida la noticia del hallazgo, el gobierno español puso una demanda a la empresa americana y los tribunales han dictaminado hace pocos días que Odyssey tiene que entregar a España su hallazgo. Un recurso interpuesto por la empresa norteamericana ha puesto punto y seguido a la historia de la fragata Mercedes. ¿Quiénes terminaran siendo los dueños de tan fabuloso tesoro? ¿Odyssey, el Estado español o los herederos de los dueños de aquellas ricas mercancías?
            Este hallazgo ha traído a la actualidad una de las personalidades olvidadas que tenemos en Montilla: Don Diego de Alvear y Ponce de León, un montillano que, junto con su numerosa familia, regresaba a su tierra natal en la expedición de la que formaba parte la fragata Mercedes. Son muy pocos los montillanos que han oído hablar de este personaje, ni siquiera los que han estudiado en su casa solariega: el Colegio de la Asunción. A mí me enamoró desde el primer momento que leí su biografía que no fue precisamente cuando cursaba mis estudios en el citado colegio, sino mucho más tarde. Pero ¿Quién es ese Don Diego de Alvear?.

Don Diego de Alvear y Ponce de León nació en Montilla el 13 de noviembre de 1749. Cursó sus estudios en el colegio de los jesuitas de la ciudad y en el de San Bartolomé y Santiago de Granada, dedicándose poco después a la carrera militar, en concreto a la Marina. Con 22 años de edad formó parte de una expedición a las islas Filipinas, bajo el mando de los renombrados marinos Juan de Langara, Juan Ruiz de Apodaca y José de Mazarredo. Poco años después, fue a Sudamérica como miembro de la comisión encargada de establecer la línea divisoria entre las posesiones españolas y portuguesas en América del Sur, cuyo objetivo fue acabar, definitivamente, con las desavenencias que habían afectado a ambos países desde el siglo XVI, época en la que se había firmado el Tratado de Tordesillas.

A los 33 años don Diego contrajo matrimonio en Buenos Aires con Mª Josefa Balbastro y Dávila, miembro de la alta sociedad criolla, con la que  tuvo 10 hijos. Durante los 24 años que Alvear permaneció en América exploró los ríos Paraná y Uruguay y la zona donde establecieron sus misiones la orden de los jesuitas. Para informar de todos los detalles de su misión, como se le había encomendado, escribió una documentada obra en cinco tomos titulada Diario de la segunda partida de demarcación de límites entre los dominios de España y Portugal en la América. Además de su diario, Alvear escribió una descripción del Virreinato de Buenos Aires detallando la importancia de sus pueblos, su industria, comercio y agricultura, su población, su organización militar, civil y eclesiástica, la naturaleza y situación geográfica de todos sus territorios y varios informes a petición de los Virreyes quienes, al parecer, acudían a menudo en consulta a su reconocida competencia en todos estos asuntos de América. De todos estos informes, que versaban sobre los más variados temas, destacamos los que describían la forma de vida de la población del Chacó, de los indios tupis y de los guaranís. Su hija Sabina refiriéndose a este último dice lo siguiente:

“ (...)tuvo el honroso resultado de lograr del gobierno español el Real Decreto de 19 de mayo de 1803 por el que se declaraba la libertad de aquellos indígenas, concediéndoles un reparto de tierras por familia con los utensilios e instrumentos de labor consiguientes, con libertad de comercio y gobierno independiente de las treinta poblaciones que habitaban a orillas de los ríos Paraguay y Paraná” [1].

Tras permanecer veinticuatro años en el continente americano, el 4 de agosto de 1804 regresó Alvear a la Península. El 5 de octubre, cuando, después de varios meses de viaje, ya se acercaban a las costas españolas, fueron detenidos por fragatas inglesas que les impidieron atracar en Cádiz e intentaron arrastrar a las embarcaciones españolas hacia Inglaterra, pretendidamente por orden del gobierno. Los marinos españoles, sintiéndose humillados, rechazaron las intenciones de los británicos resistiéndose. Los ingleses, entonces en guerra con Francia aliada de España, tenían bloqueado el puerto de Cádiz donde había una escuadra francesa, no esperaron a razones y atacaron con sus cañones, dando origen a un duro enfrentamiento entre las fragatas inglesas y españolas. Una de las fragatas españolas la Mercedes[2], bombardeada por los cañones ingleses, saltó por los aires. Tras varias horas de combate el resto de las fragatas se rindieron[3].

En aquel incidente, aunque se salvaron algunos de los pasajeros, murieron todos los miembros de la familia de Alvear (su esposa, sus cuatro hijas y tres hijos ninguno de los cuales sobrepasaba los 19 años de edad). A esta desgracia sólo sobrevivió su hijo Carlos Antonio[4] que le acompañaba en fragata La Medea que accidentalmente había quedado a su cargo. En total perecieron además de la familia Alvear 249 personas.

Este ataque fue interpretado como una ruptura de hostilidades por el gobierno español quien declaró la guerra a Inglaterra en diciembre de 1804, aliándose con Francia.

Dado que la agresión a las embarcaciones españolas fue considerado como un acto fuera de toda legalidad, se establecieron una serie de reclamaciones al gobierno inglés que fueron encomendadas a Alvear, quien, por este motivo, permaneció varios años en Inglaterra. Tras el éxito de sus gestiones, Alvear recibió, a titulo personal en pago a las pérdidas sufridas, una auténtica fortuna: 21.647 libras esterlinas. Además, durante su estancia, primero en Plymouth y después en Londres, el marino español contó en todo momento con el apoyo de la opinión pública inglesa siendo muy bien atendido por la alta sociedad londinense, sobre todo por los ministros Caning y Pitt y por el propio Rey Jorge III. Fruto de aquellas privilegiadas relaciones sociales fue su noviazgo con una joven, treinta y seis años más joven que él, Luisa Ward, con la que contrajo matrimonio en Montilla en 1807.
Tras 32 años de ausentarse de su ciudad natal, D. Diego regresó a Montilla donde se encontró con sus hermanos que en total eran 7: José, Abad mitrado de los monasterios de su orden de Córdoba y Granada; Manuel, eclesiástico; Rafael y Miguel militares[5]; María Manuela y Salvadora, que entraron a la edad de 9 y 10 años en el convento de Santa Clara, y Mariana que entró joven en el de Santa Ana cuya regla menos austera le permitía el uso de habitación o celda, alimentación independientes y criada a su particular servicio[6].

En plena Guerra de la Independencia contra la invasión de Napoleón, Diego Alvear y Ponce de León fue nombrado Comandante General y luego Corregidor y Gobernador militar y político de la isla de León (actual San Fernando) capital de la zona no ocupada. Allí dirigió una impenetrable defensa contra los franceses y tuvo la responsabilidad de atender al gobierno de la Regencia y a los diputados de las Cortes Generales. Debido a la importancia de estos cargos, el matrimonio Alvear se relacionó con altas personalidades de la política y del estamento militar, tanto españolas como inglesas, y, sobre todo, con la alta nobleza española que, debido a las circunstancias por las que atravesaba el país, estaba concentrada en la capital gaditana. Allí conocerían entre otros a los condes de Montijo con los que más adelante se emparentaría por casamiento su hija Catalina lo que llevaría a la familia Alvear a disfrutar de la amistad de la propia Emperatriz de los franceses: Eugenia de Montijo.  

Concluida la guerra, con motivo del fallecimiento de la madre de Luisa Ward, el matrimonio Alvear viajó a Inglaterra donde adquirieron caballos de las mejores razas inglesas y modernas máquinas agrícolas (trilladoras y aventadoras) para sus propiedades de Montilla, siendo el primer propietario agrícola que introdujo este tipo de maquinaria en España. Tras una larga estancia en Londres, regresaron a la Península pasando por varias ciudades francesas y permaneciendo varios meses en la capital gala donde se relacionaron con la alta sociedad parisina. Tras recorrer varias ciudades españolas llegaron finalmente a Montilla en la primavera de 1817.

A su regreso, Alvear se incorporó a su puesto en Cádiz, residiendo la familia entre esta ciudad y Montilla hasta que en 1825 pasó al servicio pasivo de la Armada, trasladándose definitivamente a su ciudad natal donde, en defensa de sus ideales liberales, participó en la lucha contra los denominados absolutistas, que en aquellos años dominaban el país y el ayuntamiento de la ciudad, cometiendo toda clase de atropellos. Esta postura le ocasionó la declaración de impurificado siendo destituido de todos sus cargos y honores. No obstante, cuando cambiaron los aires políticos, por una Real Orden fechada el 16 de junio de 1829, fue repuesto en su empleo, honores y distinciones.

Sabina Alvear y Ward resume las cualidades de su padre como hombre de una gran fortaleza física, de amplios conocimientos en Historia, ciencias matemáticas y físicas, marineras y militares, que disfrutaba con las cuestiones filosóficas y alcanzaba saborear los más sublimes conceptos de la Teología que había estudiado cuando joven (sosteniendo a veces controversias y conferencias con eclesiásticos ilustres).

 En definitiva Diego de Alvear y Ponce de León fue un hombre de extensa cultura, con clara base ilustrada, que unió a los conocimientos de los clásicos una amplia formación científica, militar y marinera. El dominio de diferentes idiomas – conocía a la perfección el inglés, el francés, el latín, el italiano, el portugués además de los dos dialectos indios guaraní y tupí- le permitió el conocimiento de diferentes culturas, lo que desarrolló a su vez en él una mentalidad abierta e innovadora. Falleció a los ochenta años de edad, victima de una pulmonía fulminante, el 15 de enero de 1830 en Madrid, ciudad a la que se había desplazado por unos días para reclamar en la Corte todos sus derechos. A su muerte dejaba 7 hijos menores de edad: Diego, Catalina, Tomás, Enrique. Sabina, Francisco y Candelaria.

En mi opinión, para los montillanos la figura de Don Diego de Alvear tiene un importante valor histórico que reside, fundamentalmente, en representar, junto con el Inca Garcilaso de la Vega y San Francisco Solano, un importante lazo cultural con Hispanoamérica, aspecto de Don Diego que se ha marginado y que yo humildemente reivindico. Como profesora de Historia creo que figuras como la de Don Diego de Alvear acercan al alumnado montillano a los acontecimientos históricos y, aunque no soy partidaria de la idealización de los personajes, sí creo que Don Diego de Alvear representa unos valores muy positivos entre los que podemos destacar: la defensa de las ideas de libertad frente a la tiranía de unos pocos, la constancia en sus reivindicaciones, el afán por el conocimiento en el sentido más amplio, el respeto a las personas consideradas inferiores como eran los indios en aquella época y el deseo de innovación y modernización que le llevó a introducir en nuestra ciudad nuevas razas de caballos y maquinaria agrícola totalmente innovadora en la época, hecho que convirtió a Montilla en una ciudad pionera.   


                                               Mª Dolores Ramírez Ponferrada

La fragata Mercedes

Hundimiento de la Mercedes

Restos de la fragata Mercedes
           
           

                                       


[1]ALVEAR Y WORD, S.: Historia de D. Diego de Alvear y Ponce de León Brigadier de la Armada, Madrid, 1891, p. 82
[2] Como hemos mencionado anteriormente, los restos de esta fragata han sido encontrados y expoliados recientemente por la empresa británica cazatesoros Odyssey Marine Exploration entre marzo y mayo de 2007. Esta empresa, que ha usado Gibraltar como base, ha extraído enormes cantidades de monedas de plata y oro (594.000), así como cañones, lingotes de cobre, etc. La mayor parte de estas riquezas fueron fletadas en avión con destino a EEUU desde el aeropuerto gibraltareño. El gobierno español ha llevado a la empresa ante los tribunales por este asunto que han resuelto su devolución al Estado Español. El pleito continúa. Los interesados pueden encontrar las últimas informaciones sobre el tema en Internet.
[3] Ibid., pp. 105-110
[4] Carlos Antonio Alvear y Balbastro  nació en Misiones en 1789 y murió en Estados Unidos en el año 1852. Gran amigo de Simón Bolivar, Sucre y San Martín, fue un destacado militar independentista en la Emancipación Americana. A los 24 años fue elegido presidente de las primeras cortes de Argentina y posteriormente Director Supremo o jefe del Gobierno. Después de una larga carrera militar y tras enfrentarse con algunos de los más destacados líderes de su país natal, fue nombrado ministro plenipotenciario en los EEUU, donde entabló amistad con Lafayette. Además su nieto Marcelo Torcuato llegó a ser presidente del gobierno del mencionado país americano. 

[5] Estos dos , junto con don Diego, fueron los progenitores de las tres casas del nombre de Alvear que durante gran parte del siglo XX permanecieron estables en Montilla
[6] ALVEAR Y WORD, S.: Historia de D. Diego de Alvear y Ponce de León Brigadier de la Armada, Madrid, 1891, p 145